Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de mayo de 2012

PINK MOON. UN RELATO SOBRE NICK DRAKE: NICK DRAKE. CANCIONES. FINAL


“Personalmente, yo acabo donde empecé: con el disco que sigo considerando una de las cumbres metafísicas que surgieron de la supernova musical de la generación del 68. La hipersensibilidad de la juventud, la gran soledad de la juventud: Nick Drake me alcanzó en un punto débil, tocó las cuerdas de una mente vulnerable.
La sensación de soledad no ha disminuido con la edad, solo es diferente, con otro matiz. El tiempo ha pasado, uno ha sobrevivido a pesar de todo, ha aceptado la existencia, la muerte. Estoy sentado en la misma habitación donde escribí la biografía, mirando por la misma ventana. El jardín, las copas de los árboles, el largo lago con el pabellón en un extremo y el puente en el otro. La vista es la misma que hace 30 años. Es de noche. La ciudad duerme. Por el cielo las blancas nubes bajas de octubre pasan arrastradas por el viento. La rueda de estrellas gira en lo alto. Entre las ramas del castaño hay un círculo luminoso, casi transparente. Me inclino hacia adelante y lo observo un rato. Mientras, una voz susurra desde un rincón de la habitación:
                It’s a pink, pink, pink, pink, pink moon.”

"Pink Moon. Un relato sobre Nick Drake: Nick Drake. Canciones", de Gorm Henrik Rasmussen, (Contra Ediciones, 2012)
 

sábado, 31 de marzo de 2012

PINK MOON. UN RELATO SOBRE NICK DRAKE: NICK DRAKE. CANCIONES


Nicholas Rodney Drake (1948-1974) murió a la temprana edad de veintiséis años ahogado, a partes iguales, entre sus propios demonios internos y la ignorancia de crítica y público con respecto a su obra. Legó tres álbumes que vendieron una cantidad insignificante de copias y un puñado de canciones dispersas en discos póstumos. Canciones otoñales, vestidas a veces con arreglos orquestales de cuerda y viento, desnudas otras al solo amparo de su guitarra, dibujando paisajes con fabulosas afinaciones y rasgueos. Y esa voz… Trémula, embriagadora, perturbadora, susurrante. De otro mundo.  Casi cuatro décadas después de su desaparición, cruel chanza del destino, su música es un referente de culto para una ingente cantidad de músicos actuales y abrazada por multitud de seguidores en todas partes. Tanto es así que en enero de este mismo año ha sido traducido y publicado en castellano el segundo libro sobre la vida y obra de Drake, “Pink Moon. Un relato sobre Nick Drake: Nick Drake. Canciones”, del danés Gorm Henrik Rasmussen. Hoy me lo han regalado y lo que sigue es sólo un extracto urgente del mismo.

“Pink Moon sale a la venta el 25 de febrero de 1972. Aparte del muy personal anuncio a toda página de David Sandison, el secretario de prensa, en las revistas de música inglesas de gran tirada, que aparece un mes antes, la edición no se publicita precisamente a bombo y platillo. "Melody Maker" es una de las pocas revistas que publica una crítica del disco. En ella, Mark Plummer escribe el día 1 de mayo: “Drake es una persona bastante misteriosa, por lo visto nadie sabe dónde vive, qué hace (aparte de componer canciones) y no hay ni una sola oportunidad de verlo en el escenario para acercarse a sus entrañas… A lo mejor hay que poner sus discos sin sonido, mirar la portada y crear la música en la mente, recitando las letras de dentro de la carátula con las rimas rítmicas de tu corazón. Nick Drake no existe en absoluto”.
 El crítico se acerca a la verdad más de lo que cree en cuanto a lo último. Cuando llega a Far Leys el sobre que contiene el recorte de "Melody Maker", Nick pasa su crisis más profunda. No come, no se cambia de ropa, ni siquiera se toma la molestia de escuchar música. Es una sombra en una habitación oscura. Allí no hay sábado de sol ni domingo de lluvia, el cantante ha metido la guitarra en la funda y ha corrido las cortinas. No sale de casa, pero tampoco quiere quedarse donde está. Ya lleva varias semanas así y ni su hermana Gabrielle ni sus padres pueden convencerle para que lo ingresen de nuevo en el "St. Thomas".
-Decía que odiaba la vida. Que no le veía sentido a seguir. La vida era algo vacío y sin sentido. Cuando hablaba así me preocupaba muchísimo. No sabía qué decirle y, si lo hubiera sabido, apenas me habría escuchado –dice Rodney.
-El período sin tratamiento más largo fue de seis meses –recuerda Molly. “Pienso pasar esto a mi manera”, me dijo una noche cuando estábamos sentados en la cocina. “El problema es que he fracasado en todo lo que he hecho. ¿Cómo puede un médico de Londres compensar una vida de errores?”.
De la sala de música se oyen a veces débiles notas de violines y trompetas. Es uno de los conciertos de Brandemburgo de Bach, que da vueltas en el tocadiscos. Pero Nick ha bajado el volumen, así que la música está al borde del silencio. Cuando acaba el disco deja que la cápsula siga en el surco interior.
Y escucha durante horas seguidas el débil crujir de la aguja.
Y las horas pasan. Y el día da paso a la noche.
En la habitación de la esquina del primer piso, la luz está apagada. Hay una silueta en la oscuridad. Es Nick en la posición del loto en la cama, mirando las paredes pintadas de color crema. Se sienta sin moverse, como un Buda. Sólo una polilla nocturna que revolotea contra el techo consigue interferir por un instante con los círculos de su silencio, con su zumbido monótono y sus alas transparentes. Cuando la ventana redonda que da al jardín se tiñe de rojo, ya se ha metido debajo del cubrecama. Está totalmente vestido, con las piernas plegadas debajo del cuerpo. No responde cuando su madre llama a la puerta.
Un fin de semana visita a John y Sheila Wood en Suffolk, sólo para sentarse en un rincón del jardín observando cómo las dos hijas de los Wood juegan a la pelota en el césped. Cuando Sheila Wood sale con una bandeja con té y galletas ya ha desaparecido, tan de repente como ha aparecido.
Otro fin de semana conduce con su coche hasta la casa de John y Beverly Martyn en Hastings, el pueblo pesquero con torres altas de madera negra, uno de los lugares mágicos de Inglaterra donde unos años antes había compuesto “Northern Sky”. Pasa dos días mirando a través del mar los barcos pesqueros que pasan navegando, rumbo al puerto o al horizonte azul.
Un día Nick dice que quiere ser una persona corriente con un trabajo corriente y le pide ayuda a su padre. A pesar de sus recelos, Rodney logra buscarle un trabajo en una empresa informática que tiene un programa de capacitación en Londres. Nick empieza un lunes por la mañana a las 9. A las cuatro de la tarde el jefe de la empresa busca al nuevo empleado en vano. Luego se entera de que el joven ha desaparecido por la puerta de atrás”.
"Pink Moon. Un relato sobre Nick Drake: Nick Drake. Canciones", de Gorm Henrik Rasmussen, (Contra Ediciones, 2012)

viernes, 23 de marzo de 2012

"FOREVER CHANGES" - LOVE. DISEÑO GRÁFICO

"Mientras empaquetábamos los instrumentos tras el ensayo final y justo antes de empezar las sesiones del "Forever Changes", Arthur entró en la habitación cargando la pipa de hachís: “Que nadie se mueva. Ronnie está de camino para sacar una fotografía para las notas del forro de una de las  caras del disco. Usaremos la parte de atrás de mi casa”.
Nos sentamos, fumamos y escuchamos música hasta que llegó Ronnie. Johnny se puso su Cossack blanco y encendió un porro. Pasamos a la parte de atrás.
“Poneos junto a la verja”, Ronnie nos dirigía. “Ahí tenemos mejor luz”.  Johnny se puso de medio lado, mirando hacia nosotros y juntó sus manos, como si rezase. Yo, mientras caminaba hacia atrás, rompí un jarrón mexicano que contenía unas flores muertas. Lo tiré y rompió en dos. Arthur lo vio, se agachó y recogió las dos partes. Sujetando la mitad alta del jarrón con  las  flores muertas por el asa y la mitad baja en la otra mano, miró a Ronnie y dijo, “ya”.


"Elektra" había encargado un cartel del grupo y otro del disco, para situarlos en un lugar notablemente alto de Sunset, justo donde se junta con Laurel Canyon Boulevard, en el corazón de la franja.
El día que alzaban el cartel, me llamaron por teléfono. “Michael”, era Bryan, “Ven a recogerme que ya está puesto”. La verdad es que, en aquel momento, ninguno de nosotros había visto la propuesta del diseño para el disco, que resultó ser la misma que la del cartel, y yo tenía mucha curiosidad por descubrir el resultado. Salté en mi coche, recogí a Bryan y salimos rumbo a Laurel Canyon. Y tras girar a la derecha en Sunset, allí estaba.


“Atención, llega el tercer disco de LOVE”, se leía al pie de foto. El artista, Bob Pepper, había cogido retratos nuestros, hechos por Bill Harvey en la casa de Terry Melcher, y dibujó una especie de caricatura psicodélica, organizó los rostros y les dio forma de un corazón orgánico. Mi cabeza está justo en el medio. En verde lima y con el pelo rojo.
“Oye”, exclamó Bryan, quejándose, “te ha puesto en el medio”. Pero entonces, “mira, ese tipo nos ha reconocido al pasar por delante de nuestro cartel”. Me señaló en dirección a un hombre que iba en un Porsche y que había aflojado para ponerse a nuestra altura. El hombre hizo contacto visual y señalando al cartel, asintió, sonrió y nos dio su aprobación. “Vámonos”. Bryan parecía ofendido. “No me gusta mi foto, no parezco yo”.


"Entre bastidores. De viaje con el grupo Love", de Michael Stuart-Ware, (Metropolitan Ediciones, 2008)

sábado, 17 de marzo de 2012

COSAS QUE HACER EN LAUREL CANYON

Arthur Taylor Porter aka Arthur Lee

"Pese a que “Love” y “The Doors” eran los únicos grupos de rock que tenía “Elektra”, jamás hubo mucha interacción entre ambos. O sea, no salíamos juntos. Sin embargo, durante un corto período, Jim Morrison y Bryan comenzaron a cultivar una relación de amistad. Jim iba a la pequeña unidad de Bryan a escuchar música, justo debajo de la casa de Arthur: hablaban y fumaban porros. Creo que la unidad de Bryan tenía un calientaplatos y una mini nevera. No era una auténtica cocina. Tenía entradas y baños separados. Lo que implicaba que los amigos de Bryan podían entrar y salir sin saludar a Arthur. Había una piscina situada unos veinte metros colina abajo, justo debajo de la casa, en la parte inferior, siguiendo unas largas escaleras de madera, y a plena vista de quince o veinte casas del vecindario. Un día, estábamos en casa de Arthur practicando “Stephanie Knows Who”, pero suavemente, con guitarras acústicas, cuando Arthur frunció el ceño y abalanzó su cabeza sobre un lado, como para escuchar mejor, entonces nos dijo que dejásemos de tocar y nos mantuviésemos en silencio.
Miró a Bryan:
-Oye tío, creo que hay alguien abajo, en tu casa.
Bryan miró despreocupado. “Ah, sí, es Jim, le dije que se quedara por ahí mientras acabamos de ensayar, luego andaremos por ahí. Se comió un ácido y está flipando”.
Así que retomamos “Stephanie”. Ninguno de nosotros pensó en ello durante los siguientes veinte minutos, hasta que Arthur se asomó a la ventana que da a la vista de la piscina. Paró de tocar y tuvo una reacción seria y tardía:
-Esto, Bryan, tu colega Jim está en la piscina.
Bryan siguió tocando la guitarra.
-¿Y? Le dije que podía usarla. ¿Te pasa algo? –preguntó con tono sarcástico, sin levantar la mirada.
Arthur seguía mirando por la ventana.
-Sí, bueno, no lleva ropa puesta. Va sin bañador. Está desnudo.
Bryan levantó la mirada. “Uf”.
Arthur comenzó a caminar hacia todos los lados, poniéndose bastante nervioso. “Tendrá cara el gilipollas”. Viene, usa nuestra piscina y ahora desfila en pelotas frente a nuestros vecinos repugnando a todo el mundo”. A punto de alcanzar el punto de ebullición, agitó la cabeza, “No me importa. Con ácido o sin ácido, voy a bajar ahí a darle una ración de Arthur Lee a ese hijo de puta”. Abrió la puerta corredera de cristal y comenzó a descender por las escaleras.
-No, tío, no –Bryan suplicó, pero era demasiado tarde. No pudimos escuchar lo que se dijo, pero a mitad de camino Arthur ya estaba gritando y moviendo los brazos. Pillé alguna palabra como: “Coge tus malditas cosas! ¿Cómo puedes ser tan estúpido, tío?”. Muy diplomático.
Jim salió de la piscina, cogió sus cosas y trotó escaleras arriba. Al pasar junto a la ventana pude mirar fugazmente su cara. Llevaba los ojos muy abiertos y estaba aterrorizado. Tras esto, ya no hubo una relación superficial de educación, formas diplomáticas o saludos entre los dos grupos. Cada vez que coincidíamos en el mismo cartel o grabando en el mismo estudio, trabajando con los mismos ingenieros, productores… nada. A veces nos saludábamos con la cabeza, pero eso era todo.
En cualquier situación similar donde dos grupos trabajan para el mismo sello, se sentarían a escuchar la sesiones de los otros o a contribuirían de cualquier forma en el éxito del álbum del otro grupo. Pero el incidente de la piscina había acabado con esa posibilidad. En años posteriores, Bryan recordaba a Arthur con cierta frecuencia cómo se había cargado su principio de amistad con Jim Morrison –ya sabes, a la vez de broma y en serio. Pero, aparentemente, Arthur nunca mostró ningún gesto de culpa ni nada parecido. De hecho, cada vez que Bryan sacaba el tema, Arthur se encogía de hombros como diciendo, “Me importa un bledo. Una lástima. No debió desnudarse en mi piscina”.
"Entre bastidores. De viaje con el grupo Love", de Michael Stuart-Ware, (Metropolitan Ediciones, 2008)


 Bruce Dern y Peter Fonda en "The Trip". Vista desde la casa de Arthur Lee en Laurel Canyon

sábado, 18 de febrero de 2012

NICK DRAKE ENTREGA "PINK MOON"


… Lo que sucedió después suele malinterpretarse en las biografías de Nick Drake. Se cuenta que Nick se pasó por las oficinas de "Island" en "Basin Street", dejó las cintas de "Pink Moon" en recepción  y se escabulló sin que nadie lo reconociera. Es verdad que fue a "Island" con una mezcla en estéreo de cuatro pulgadas  del disco, pero cuando llegó preguntó si podía ver a Chris Blackwell. “Recibí una llamada de recepción. Había un tal Nick Drake que quería verme”, recuerda  Blackwell, “así que bajé por las escaleras. Se mostró muy poco comunicativo, muy introvertido. ‘Hola, Nick, ¿qué tal estás?’ ‘Oh, bien, aquí está mi nuevo disco’ Le pregunté que cuánto había costado y me contestó que unas quinientas libras, así que le di el dinero en ese mismo momento.  Se hacía difícil obligar a alguien a ir de gira cuando el disco sólo había costado quinientas libras”.

"Más oscuro que el más profundo mar. En busca de Nick Drake", de Trevor Dann (Metropolitan Ediciones, 2008)

domingo, 12 de febrero de 2012

EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO


"...Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura".

Holden Caulfield. "The catcher in the rye", de J.D. Salinger, 1951.

viernes, 3 de febrero de 2012

EL NIÑO QUE NO SABÍA JUGAR


Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra, con  las manos quietas, como caídas a los dos lados del cuerpo. Al niño, los juguetes de colores chillones, con sus ruedecillas, no le gustaban. Los miraba, los tocaba, y luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas, pálidas y no muy limpias, pendientes junto al  cuerpo como dos extrañas campanillas mudas. La  madre  miraba inquieta al niño, que iba y venía con una sombra entre los ojos. "Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir". Pero el padre decía, con  alegría: "No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa".
Un día la madre se abrigó y siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles. Cuando el niño llegó al borde del estanque, se agachó, buscó grillitos, gusanos, crías de rana y lombrices. Iba metiéndolos en una caja. Luego, se sentó en el suelo, y uno a uno los sacaba. Con sus uñitas sucias, casi negras, hacía un leve ruidito, ¡crac!, y les segaba la cabeza.

"Los niños tontos", de Ana María Matute, 1956.

domingo, 8 de enero de 2012

CRÓNICAS DE MOTEL. SAM SHEPARD


¿Por qué pienso
“Este tipo está completamente loco”
Sentado en un bar de pueblo
Vestido con un traje de terciopelo negro, con chaleco
Oliendo a Marica de la Calle Catorce
Con un tic nervioso en unos ojos pardos
En los que casi no se ve la pupila?

¿Por qué pienso
“Este tipo está chiflado”
Cuando pregunta si ha nevado alguna vez en San Francisco
Si Herb Alpert toca a veces música clásica?

¿Por qué pienso
“Este tipo está majara”
Cuando me dice que tiene muchísimo talento
Pero le falta tiempo para desarrollarlo?

¿Por qué pienso
“Este tipo está como una chota”
Cuando coge la jarrita de la leche
Y la llama “Esta vaquita tan mona”?

Sé por qué
Porque no oculta
La desesperada distancia que lo separa de la gente

12/79
San Anselmo, CA

"Motel Chronicles", de Sam Shepard, 1982.

martes, 1 de noviembre de 2011

EN EL CAMINO


"...Y encontré una vieja y siniestra pensión cerca del depósito de locomotoras, y pasé todo el día entero durmiendo en una enorme cama limpia, dura y blanca, con inscripciones obscenas  en la pared junto a la almohada y las persianas amarillas bajadas para no ver el espectáculo humeante de los trenes. Me desperté cuando el sol se ponía rojo; y aquél fue un momento inequívoco de mi vida, el más extraño momento de todos, en el que no sabía ni quién era yo mismo: estaba lejos de casa, obsesionado, cansado por el viaje, en la habitación de un hotel barato que nunca había visto antes, oyendo los siseos del vapor afuera, y el crujir de la vieja madera del hotel, y pisadas en el piso de arriba, y todos los ruidos tristes posibles, y miraba hacia el techo lleno de grietas y auténticamente no supe quién era yo durante unos quince extraños segundos. No estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era una vida fantasmal, la vida de un fantasma. Estaba a medio camino atravesando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro, y quizá por eso sucedía aquello allí y entonces, aquel extraño atardecer rojo".

Sal Paradise. "On the road", de Jack Kerouac, 1957.

lunes, 24 de octubre de 2011

A MOST PECULIAR MAN

Paul & Art: El más grande dúo musical de siempre

"En "A most peculiar man" asistimos al suicidio de un hombre como los demás, ya que su única rareza y peculiaridad es la soledad. La canción es un epitafio sereno y sin pataleos, lo que aumenta aún más el desasosiego que produce. "A most peculiar man" está basada en un hecho real, leído por Paul en el noticiario de sucesos, según explica Judith Piepe, aunque nada tenga que ver ya con una topical song:

Sólo había tres líneas en el periódico, e incluían eso de que la mujer que vivía encima de él pensaba que era un hombre de lo más raro. Paul creyó que no era bastante, por eso se sentó y escribió un epitafio para un extraño y para todos los suicidas".


"Era un hombre de lo más raro".
Eso decía la señora Riordan
y tenía motivos para saberlo;
vivía encima de él.
Ella decía que era un hombre de lo más raro.

Era un hombre de lo más raro.
Vivía completamente solo, metido en su casa,
metido en su habitación, metido dentro de sí mismo:
Un hombre de lo más raro.

No tenía amigos, hablaba raramente
y, a su vez, nadie hablaba con él,
porque no era muy simpático y le traía sin cuidado.
Además, no era como ellos:
Oh, no!, era un hombre de lo más raro.

Murió el último sábado.
Abrió la llave del gas y se echó a dormir
con las ventanas cerradas. Nunca más despertaría
en su mundo silencioso y en su minúscula habitación.
Y la señora Riordan dice que tiene un hermano en algún sitio,
a quien debería avisarse pronto.
Y todo el mundo decía: "Es una pena que haya muerto,
pero, ¿verdad que era un hombre de lo más raro?".

"Simon & Garfunkel", de Agustín Sánchez Vidal (Ediciones Júcar, Colección Los Juglares, 1975)


"A Most Peculiar Man" - Simon & Garfunkel (1966)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

NICK DRAKE EN LA PLAYA


Nick & Gus, Hampstead Heath, Londres, Diciembre 1971
 
"Nick hacía visitas habituales a la costa sur de Inglaterra, a la casa de John y Beverly Martyn en Hastings... Beverly Martyn contó que en una ocasión un vecino llamó y dijo: "Oh, Nick Drake está en la playa, ¿bajo a recogerlo?". Había estado "mirando al horizonte, con su traje oscuro, rodeado por un montón de gente en traje de baño".

"Más oscuro que el más profundo mar. En busca de Nick Drake", de Trevor Dann (Metropolitan Ediciones, 2008)

martes, 9 de agosto de 2011

GRAHAM NASH & NEIL YOUNG EN EL LAGO

- "En una ocasión visité a Neil en su rancho. Allí tiene un pequeño lago. Neil me dijo que me subiera con él a una barca para dar una vuelta, pensé que deseaba hablar de negocios conmigo, así que puse otra vez mi vida en sus manos y remé hasta el centro del lago. Una vez allí, Neil saludó con la mano a alguien en la casa que yo no veía, y de repente empezó a oírse música en medio del lago, como si surgiera del mismo bosque. Entonces me di cuenta de que estaba utilizando su casa como un altavoz, y el establo al otro lado del lago como el segundo altavoz. ¡Ya sabemos que el tío está chiflado, pero esto era demasiado!. Elliot Mazer salió de la casa, donde estaba trabajando en una grabación, y gritó: "¿Como suena Neil?". Y juro que Neil le contestó: "¡Más establo!". Esta anécdota me inspiró la canción "Cowboy of dreams"...

Anécdota acerca de Neil Young, narrada por Graham Nash, extraída del libro "Neil Young. En el ojo del huracán", de Ignacio Juliá (Editorial La Encrucijada, 1993)